El autor parte de la idea de que el conocimiento, el saber, la información, etc. cambian de estado de las cosas, mientras que las sociedades entran en la edad llamada postindustrial y las culturas en la edad llamada postmoderna, la era de la información. Así, el saber se encuentra afectado en dos principales funciones: la investigación y la transmisión de los conocimientos.
Para el autor, el término “postmoderno” designa el estado de la cultura luego de las transformaciones del siglo XIX que afectaron la ciencia, la literatura y las artes. La era postindustrial la ubica a finales de los años cincuenta, hacia el fin de la reconstrucción europea luego de la Segunda Guerra Mundial.
En esta obra encontramos el primer acercamiento a “las máquinas de información” que se manejaran en los siguientes textos. Aquí, las máquinas de la información afectan la circulación de los conocimientos, pues se modifica la naturaleza del saber, en el sentido de que el conocimiento no puede pasar por los nuevos canales, y convertirse en operativa, a no ser que el conocimiento pueda ser traducido en cantidades de información.
Así, es fácil suponer que todo lo que en el saber constituido no es traducible se dejará de lado, y la orientación de las nuevas investigaciones dependerá de la capacidad de “traducir” los resultados de éstas al lenguaje de las máquinas de información”. Se habla entonces de “los productores del saber”, como aquellos que poseen los medios de traducción de esa información.
Con la hegemonía de la informática, se ha impuesto cierta lógica y ciertas reglas que se refieren a los enunciados “de saber”. Con esto se da una exteriorización del saber con respecto “al sabiente”, aquellos que tienen acceso a la información traducida por las máquinas.
Así, dice el autor, el antiguo principio de que la adquisición del saber es indisociable de la formación del espíritu, e incluso de la persona, cae y caerá todavía más en desuso. Se llega, entonces, a una etapa en que el saber es y será producido para ser vendido, y es y será consumido para ser valorado en una nueva producción, al final será cambiado.
Con el planteamiento del autor, se puede concluir que conforme las sociedades se informatizan de esta manera, el tener información deja de ser un instrumento del saber para ser un instrumento de control y regulación
lunes, 23 de noviembre de 2009
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